Homily (Spanish)

Celebramos hoy una fiesta que tiene sus inicios en los tiempos antiguos. En la Pascua de Dios, en la cual Él liberó a su pueblo de la esclavitud del faraón.
Dios entró a la historia humana y libró a su pueblo. 

En esta fiesta que hoy celebramos Dios vino a la tierra en su persona, 
hombre en totalidad, 
y divinidad en totalidad 
en la persona de Jesucristo 
para ganar para nosotros la victoria 
sobre el pecado y la muerte. 

Antiguamente Dios mandó a que recordaran la libertad que fue ganada para el pueblo.
Ahora Jesus nos manda a recordar su sacrificio. 

Nos dejo el sacramento de su cuerpo y de su sangre para cumplir su promesa que estaría con nosotros hasta el fin del tiempo. 

Instituyo en la cena, el sacerdocio – los ministros de los sacramentos — sus Apóstoles. 

San Pablo escribe la tradición de los apóstoles que viene de esa cena. Las palabras de la institución de la Eucaristía que son las que usaremos en unos minutos en la Plegaria Eucarística. 

Usando elementos naturales que podemos ver, oler, saborear, tocar, que nos nutren: el pan y el vino. Nos ofrece en esos elementos la totalidad de su humanidad y su divinidad para fortalecernos en nuestro camino a su reino. 
Para estar con nosotros siempre como prometió. 

También nos dio un nuevo mandamiento: que nos amemos unos a los otros como el nos amó. 

Dijo: “Por su amor mutuo se conocerán como mis discípulos.”

Cuando celebro la Misa de la  cena del Señor es para mi como un aniversario. El salmo me habla mas claro que cuando lo oí por primera vez. 

Alzaré la copa de la salvación.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. 
Cumpliré al Señor mis votos, en presencia de todo el pueblo.